Quisiera que dialogaran conmigo. Me gustaría saber qué ustedes piensan sobre el uso de las palabras “gringo” y “spic” o “nigger.” ¿Creen ustedes que la palabra “gringo” tiene las mismas connotaciones que “spic” o “nigger”, es decir, son igualmente ofensivas? Díganme por qué sí o por qué no.

 

Lo propongo porque he visto en varios sitios que cuando alguien habla de “gringos”, salen algun@s puertorriqueñ@s a decir: “tanto que se quejan de racismo y mira como tratan a los americanos.” ¿Tendrá validez ese argumento? Conversemos.

 

 

 

Estoy sentado en Fine Arts en Santurce. Resulta que son los únicos que están dando “Good Night and Good Luck.” Aquell@s que han ido a Fine Arts, saben que no es el cine más cómodo del mundo. Si la sala principal no es cómoda, imagínense como son las salas más pequeñas.

Al lado mío no hay nadie…todavía. A los pocos minutos se sienta una pareja americana; una señora y un señor que parecen retirad@s l@s dos. Desde que llegaron están hablando. “No se callan, caramba. Pero bueno, me imagino que cuando empiece la película se callarán.”

Empieza la película. Siguen. Jode que jode. “Oh, do you remember those sets? Oh my, look at that. He really does look like Edward R. Murrow. Wow, his voice is really good.”

Ya no puedo más. Estoy tratando de entender la película y tengo el agravante de que Fine Arts, porque son más papistas que el Papa, no le ponen subtítulos a las películas en inglés. Cuando uno no habla inglés todos los días el oído se desacostumbra y por eso prefiero que haya subtítulos. Además, cuando tienes a dos personas jorobando al lado, por lo menos con los subtítulos te defiendes.

Ahora sí que estoy molesto y por cobarde no me atrevo a mandarlos a callar. Me muevo de asiento. No hay muchas opciones así que les paso por encima a mi madre y a mi padre. Me tiro como una res en el último asiento de la fila. “Bueno, vamos a ver ahora si puedo verla tranquilo.”

Todavía sigo oyendo a los viejos pero ahora es peor. Tengo otra fila de gringos atrás (¿Óyeme pero estamos en Puerto Rico o en Estados Unidos?) y estos están con comentarios muy parecidos a los de los dos viejitos. “Marrayo me parta, ¿no podré ver la película?”

Finalmente, como a mitad se callan finalmente o quizá simplemente es que mi mente los bloquea.

Pero que no me vengan a mí con ese cuento. Esto no me pasó solamente en Fine Arts, en muchas ocasiones en los cines acá en Estados Unidos he tenido que mirar a la gente mal para que se callen. A veces funciona, a veces otros gringos se quejan y así logramos que cierren el pico.

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El otro día estaba deprimido y mi novia, tan linda, decidió llevarme a comer a mi restauran de cadena favorito. Llegamos bastante tarde porque ella se había tardado un poco en la práctica del coro.

Cuando llegamos, en el sitio había como 3 parejas y una mesa larga llena de hombres nada más. Para nuestra mala suerte, el recepcionista nos espetó allí.

Como fuimos los últimos en llegar, nos quedamos sol@s con la mesa de hombres al lado. No parecía que el lugar estaba vacío. Esta gente de al lado, todos hombres blancos de estas partes, hablaban y chistaban a todo dar. Cada vez que venía la pobre mesera le hacían un chiste. Ya ella los miraba con una cara de: “ja ja… ¿por qué no pagan y se largan?”

Confieso que he oído mesas igual de revoltosas en Puerto Rico y en otras partes de Estados Unidos, pero lo que siempre me molesta es pensar en todas esas veces que he oído amig@s puertorriqueñ@s diciéndome: “ay es que nosotros somos tan bochinchosos, allá los americanos no son así.” Pues sí, hay gringos bochinchosos igual que nosotros y a veces hasta más.

La Gran Nación tiene una sección nueva. Si miran arriba, al lado de “Un poco más de esta página” verán que hay un nuevo enlace. Aquí pondré noticias, clips, videos relacionados con la homofobia, xenofobia y el racismo en Estados Unidos. Lo hice como sección aparte para poder mantenerlo al día. ¡Visítenla y gracias!

Me acabo de dar cuenta de que WordPress tiene un Spam blocker. Si por casualidad alguien me hizo un comentario y nunca apareció en el Blog, es que se fue con ese Spam blocker. En este blog no se moderan los comentarios, porque sino se convertiría en una página unidireccional. Si puede, por favor repita su comentario que ya que sé eso, estaré pendiente a mi inbox de Spam aquí. ¡Gracias!

 

Tengo una vejiga hiperactiva. Lo acepto. No, no tengo diabetes ni nada por el estilo (no se preocupen, gracias). Pero creo que si hiciera un recuento de todos los baños públicos a los que he tenido que ir, tendría que dejar de escribir la tesis y dejar de trabajar.

Los baños de Disney World son iguales que los del resto del mundo. Algunos tienen muñequitos y cosas en las paredes, pero en general son inodoros y urinales igual que el resto de los baños que usted conoce. La única diferencia es que a veces están tan llenos que hay que hacer fila y esperar. 

En una de esas que tuve que hacer fila, empecé a fijarme en cuantas personas, después de hacer lo suyo, se lavaban las manos. Les puedo jurar que no vi un solo hombre blanco que hablara inglés lavarse las manos allí. Vi un hombre venezolano con su hijo lavarse las manos; vi a unos chinos lavándose las manos y vi a unos alemanes lavándose las manos, pero ningún hombre blanco con acento de gringo. Y sí, pasaron un montón. De hecho lo más perturbador del caso fue que no obligaban a sus hijos a lavárselas tampoco. 

No creo que esto haya sido un “fluke.” Tuve la misma experiencia cuando fui a un juego de los Miami Dolphins. Los baños llenísimos y los lavamanos vacíos. Salían directo del urinal a comprar hot dogs (jaja bueno, esa me la inventé pero no se lavaban esas manos y en el parque todo el mundo estaba comiendo así que sumen ustedes).

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Me acababa de mudar a Gainesville y no conocía bien las rutas de la guagua. Un día estaba tan aburrido que me tiré para el mall sin saber, exactamente, como iba a ir y como iba a volver. 

Tenía un mapa de la Autoridad de Tránsito que me explicaba las diferentes rutas que tenían sus guaguas. Me monté en una y, gracias a Dios, llegué bien. 

El regreso, sin embargo, fue distinto. La guagua que me había traído no acababa de pasar. De momento llegó una y miré en el mapa a ver si esa me llevaría de vuelta. Vi que la ruta era un poco más larga pero eventualmente me dejaría en el lugar indicado. Me monté.

Les juro que pocas veces me he asustado tanto (bueno, eso es debatible, soy bien cobarde).  Esa ruta nos llevaba por las afueras de la ciudad y me metió en todos los ghettos. Pero en Gainesville, como en muchos sitios en el sur, los ghettos a veces son de gente blanca y se llaman “Trailer Parks.” La guagua me paseó por como 4 trailer parks distintos. En cada uno que nos parábamos veía algo que me sorprendía cada vez más. En muchos de esos trailers veía banderas confederadas y, en algunas, stickers de calaveras y huesos. En una en específico vi uno que decía “The South will Rise again.” Needless to say, I felt a chill in my bones. Era la primera vez que veía esta parte de Estados Unidos y no estaba acostumbrado (ya me acostumbré, aunque me sigue asustando igual).

Sin embargo, no fue la variedad de símbolos lo más que me impresionó. Fue la imagen de esos niños blancos, rubios y mellaos jugando en las aceras mientras todo a su alrededor hedía a basura. Cada vez que alguien entraba a la guagua, la peste de basura que venía de esos lugares se filtraba. Era impresionante.

Todavía en mi mente, 4 años después, está grabada la imagen de aquellos trailers con latas de cerveza por todas partes. Nunca más volví a coger esa ruta, pero siempre le doy gracias a Dios de que pasé por ahí aunque fuera una vez.

Este post no es mío. Le di copy/paste de Tendenciaspr.com

Tengo que decir que vale la pena que lo lean. Es algo que yo sabía ya, pero que siempre es bueno refrescar la memoria.

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El pasado 17 de septiembre en La Voz del Centro, en programa radial del publicista Angel Collado Schwarz, se estuvo discutiendo el tema de las transferencias federales que se envían desde Washington a Puerto Rico.

Según Catalá, las transferencias federales que se envían desde Washington a Puerto Rico se han convertido en parte de un mito político producto, en parte, de la propaganda que emiten ciertos sectores que utilizan dichos fondos como punta de lanza de sus argumentos.

Entre los datos interesantes que mencionó están los siguientes:

  • De los $9,559 que recibe Puerto Rico en transferencias federales a individuos, el 78% ($7,647 millones) son lo que se conoce como transferencias devengadas, o derechos adquiridos. Es decir, son fondos que o ya fueron pagados o fueron ganados como compensación de un servicio o trabajo. Esto incluye las pensiones del seguro social y trabajadores del gobierno central, el medicare, y otros. Sin importar el futuro político del país, estos fondos se tienen que pagar, o devolver, ya que es un derecho personal y no un privilegio político.
  • Solamente un 22% ($2,214) de lo que se recibe en fondos federales para individuos vienen de lo que sí se podría llamar “ayudas”, o transferencias devengadas, que son en su mayoría para el Programa de Asistencia Nutricional y las Becas Pell.
  • Otros $2,136 millones no son otorgados a individuos, sino al gobierno estatal (el cual tiene en presupuesto consolidado de $25,000 millones).
  • Otros $1,000 millones son fondos para los gastos de operaciones del gobierno federal en la isla (correo, FBI, etc.), lo cual no constituye una ayuda.

Conclusiones

  • En total, si se resta el dinero ya pagado del seguro social, las pensiones de trabajadores y el medicare, más los derechos adquiridos como los beneficios de veteranos, los gastos de operaciones del gobierno federal y se deja solamente los $2,214 millones de las trasferencias del programa del PAN y Becas Pell, más los $2,136 millones otorgados al gobierno estatal, el total de transferencias otorgadas que sí se podrían clasificar como “ayudas” llega a $4,450 millones, bastante menos de la mitad de los fondos que llegan.

Interpretación de los datos

Ya vemos que el total de transferencias federales no representa el total de dinero que “se regala” (por decirlo de alguna manera), pues este solamente es de $4,450 millones.

Ahora, ¿Por qué el gobierno federal le otorga a Puerto Rico esos $4,450 millones anuales? Catalá ofreció una interpretación muy interesante el respecto. Según él, en Puerto Rico no ha habido capacidad para crear muchos empleos, pero si capacidad para general muchas ganancias de corporaciones privadas norteamericanas (alrededor de $30 mil millones cada año ). Catalá explica que Estados Unidos compensa esa incapacidad de producir empleos con su inyección de $4,450 de fondos otorgados, mientras recibe en las ganancias de sus corporaciones $30 mil millones que son repatriados a Estados Unidos. En este sentido, Puerto Rico le es rentable a Estados Unidos, según su interpretación.

Puede escuchar éste, y otros capítulos de La Voz del Centro en la siguiente dirección:

http://www.vozdelcentro.org/

Eugenio Martínez Rodríguez

nota: La pasado artículo debe interpretarse como una expresión estrictamente personal del autor, y no del proyecto tendenciaspr.com.

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Esta información no es nueva (o sea, los datos están actalizados, pero la información existe desde hace tiempo). Estados Unidos no “regala” dinero así porque sí. La cantidad de dinero que sale de Puerto Rico a Estados Unidos supera, por mucho, la que entra. De igual forma, la milicia norteamericana utiliza aproximadamente el 10% de las tierras puertorriqueñas (antes era más pero el cierre de Vieques y algunas otras bases menores ha hecho que se reduzca este %) para bases militares y no paga rentas ni impuestos.

Hace algunos años participé de una conferencia en Nueva York. Fui con un grupo de mi universidad. Antes de llegar al hotel de N.Y., nuestro profesor ya había escogido nuestros cuartos.

Cuando mi roomate boricua y yo llegamos al cuarto, nos dimos cuenta de que sólo había una cama king. Pensamos que era extraño ya que cuando se reservaron los cuartos se dijo que eran cuartos donde irían múltiples personas. No obstante, cuando nos dijeron que eso era lo único que quedaba (claro, pa’ los browns…), nos resignamos.

Por la noche, cuando nos tocó el tostón de decidir cómo dormíamos, simplemente tiramos una línea de almohadas en el medio de la cama y cada quién cogió su lado. Así dormimos 10 días completos y a nadie se le cayó un canto.

Uno de los días que estaba en comité, le comenté a una de mis compañeras norteamericanas sobre nuestros sleeping arrangements y ella me dijo:

- Oh, really? The guys on our group would never do something like that.

- O.k. So…where are they sleeping? – pregunté yo.

- Um… well one is sleeping on the bed, the other in the closet, and the other in the tub and they switch everyday.

- You’ve got to be kidding.

- No, I swear.

- But why?

- Well, they’re afraid they’re going to touch each other in their sleep.

Era, simplemente, increíble. Cómo por no estar en la misma cama con otro hombre (una cama KING que uno se pierde en eso), prefirieron dormir en el closet y en la bañera.

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Conozco varias mujeres puertorriqueñas que han realizado su sueño más preciado: mezclar su sangre con la de un hermoso gringo blanco de ojos claros. Sin embargo, estas mismas compañeras que tan deseosas estaban de casarse con un estadounidense, no tenían planes de cambiarse su apellido.

Me imagino que aquell@s de ustedes que adoran a Estados Unidos saben que aquí la identidad de la mujer desaparece a la hora del matrimonio. Ella pasa de tener el apellido del padre (solamente) a tener el del marido (solamente). En todos los documentos oficiales se ven como Fulanita Smith y pa’l carajo si alguna vez se llamaron Fulanita Frontera González Urraca.

La cuestión es que estas mujeres, ninguna de ellas quería cambiarse el apellido. Ellas querían mantener esa parte de su identidad intacta porque, al fin y al cabo, ellas no son propiedad de sus maridos, sino que han entrado de forma voluntaria e independiente a este pacto. No obstante, mi admiración inicial por su determinación de mantener su apellido materno y paterno, se va esfumando poco a poco. Todas las chicas que conozco que se han casado con americanos terminan cambiándose el nombre si no completa, parcialmente.

¿Por qué? ¿Por qué ninguna mantiene su promesa inicial? ¿Por qué ninguna le dice a su marido-to-be lo que nos dicen a nosotros acá en la intimidad boricua? Todas empiezan…pero ninguna termina. ¿Y cuál es el golpe mágico que dan los caballeros andantes de ojos claros? “Es que eso del apellido es muy importante para ellos. Es como ‘honrarlos.’”

Discúlpenme un segundo en lo que vomito.

Okay… es que de momento me desperté y creía que estábamos de vuelta en el siglo 16. ———————————————————-

 

 

 

 

Nashville, como cualquier área metropolitana horizontal, está desparramada. Esto hace que todos los “malles” buenos, estén lejos. Para ir al Opry Mills Mall, tienes que pasar el aeropuerto y, con él, todas las construcciones que hay a su alrededor.

Venimos, entonces, de disfrutar una noche de cena y juego en Dave and Buster’s. Volvemos por esa parte de la I-40 que está toda desbaratada. No ves otra cosa que no sean los malditos drones anaranjados.

Mientras mi novia me habla, noto a la derecha de la carretera un billboard electrónico que va pasando un mensaje. No logro leer bien lo que dice, pero me intrigan las palabras “No Freeo Stuffo.” Le pido a mi novia que pare de hablar un momento y que baje la velocidad para poder leer bien el mensaje completo. Esto es lo que dice:

“Metro Council, welcome to America, we speak English here, pass the bill, immigrants, no habla Ingles?, no freeo stuffo, from el governmento, comprende por favor?”

Este letrero estuvo puesto 2 días consecutivos, como forma de pedirle al Metro Council que pasara un proyecto que hiciera ilegal en Nashville hablar otro idioma que no sea inglés, por lo menos en asuntos que tienen que ver con el gobierno. El Consejo no sólo aprobó esta medida, sino que aprobó una medida punitiva que la acompaña; cualquier empleado gubernamental que se le coja hablando algún idioma que no sea inglés será castigado, multado o puede ser hasta botado. Esto incluye los empleados del servicio telefónico de emergencias.

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Desafortunadamente, mi novia y yo no hemos sido los únicos que hemos recibido estos mensajitos. Hay personas que han experimentado esto a un nivel mucho más personal.

Los Espinoza, una familia hispana de Rockfield, Kentucky, se levantaron un día y tenían una cruz ardiente en su patio frontal. Ja! Deja Vu! Pero no. Esto no fue en los 60’s en la lucha de la integración. Esto fue en el 2006.

Junto con la cruz, les dejaron dos mensajes: 1) “My country, maybe. My neighborhood. No way” y 2) “If you can’t read this… Oddy-ouss.”

Esta porción tomada de Nashville is Talking. Aquí también pueden leer más sobre el letrero de “Freeo Stuffo.”

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Nelly Rivera, una puertorriqueña nacida y criada en Estados Unidos, y su esposo se mudaron de la Florida a Tennessee a mitad de año del 2006 gracias a los huracanes. Al llegar a Tennessee, consiguió un trabajo de asistente de bibliotecaria en la Marshall County Memorial Library de Lewisburg, T.N.

En la Biblioteca había uno que otro libro en español, pero no había nadie que hablara español entre l@s emplead@s. Simplemente había, en una esquina, un letrero que decía “Español” y ahí estaban tirados los pocos libros que tenían. Las personas que no hablaban inglés muy bien y necesitaban ayuda tenían que conformarse con buscar los libros ell@s mism@s sin que nadie les guiara.

Nelly, que es una persona bilingüe y atenta, comenzó a ayudar a estas personas que no sabían hablar inglés. Claro, empezó a darles ayuda en español. Empezó a dar talleres en español de cómo usar las computadoras y a organizar lecturas para niños en español. Rápidamente comenzaron los vecinos de Lewisburg a quejarse. Hubo tantas quejas que la junta de directores de la Biblioteca tuvo que organizar vistas públicas para atenderlas públicamente.

Robin Minor, un ciudadano de Lewisburg, presentó su caso ante la Junta. Le informó a la asamblea que el había vivido toda su vida en este pueblo y que estaba muy molesto de que su dinero de impuestos se estuviera usando para libros en español. La Junta le explicó que la mayoría de los libros en español se habían donado.

- “¿Cuánto dinero se gastó en el resto de los libros en español?” – preguntó airado el hombre.

- 130 dólares – le respondió el Director de la Junta.

- Hasta un centavo es demasiado – continuó el Sr. Minor.

El Director de la Junta le informó, de igual manera, que la Biblioteca también contaba con libros en francés, ruso y japonés. El Sr. Minor presentó, entonces, una moción para que la Junta no permitiera a la Biblioteca recibir ningún libro que no fuera en inglés.

Lo más impresionante de este caso es que el Sr. Minor fue maestro de estudios sociales en las escuelas de Lewisburg por muchos años.

Sin embargo, este no fue el único incidente que tuvo que sufrir Nelly. Días antes de esta asamblea, el alcalde del condado, Joe Ligget, entró a la biblioteca y le preguntó al Director: “¿Qué papeles usted tiene para ella? (Nelly)” Nelly, al oír esto, sacó una copia de su certificado de nacimiento que decía que ella había nacido en New Jersey. Lo triste del caso es que ni siquiera habiendo nacido en Puerto Rico ella hubiese tenido que enseñar papeles. Después de todo, ¿para que, entonces, nos sirve que nos hayan impuesto la ciudadanía americana si ni siquiera de los cateos “aleatorios” nos salvamos?

Este trozo de la historia tomado del blog de Mr. Mack, Coyote Chronicles.

Esta ni siquiera la voy a argumentar yo. Voy a dejar que Michael Kinsley, de la revista Time, lo haga por mí.

“This postpartisan era everybody wants is not going to happen, and the great longing for it is childish. What Americans say they want–or even what they think they want–needs to be taken with a grain of salt. Their objection, very often, is less to politics than to arithmetic. Do they want our health-care system fixed? Yes. Do they want Social Security and Medicare on a more solid footing? Absolutely. Will they pay for these things? Not a chance. There are no pragmatic, nonideological solutions to the big question of what the government should do and what it shouldn’t. You can have your government programs and pay for them, like a good liberal, or you can have your tax cuts and forgo the programs, like a good conservative. Asking for both is the opposite of pragmatic.” (In defense of partisan bickering, viernes 26 de enero de 2007)

L@s puertorriqueñ@s no somos l@s únicos que queremos que las cosas se arreglen sin tener que cargar con el peso. En el fondo, creo que la realidad del caso es que muchos de los problemas de la ciudadanía los crea el gobierno, así que deberían ser ell@s l@s que l@s resuelvan. En fin, después de todo, no som@s tan diferentes.

Mi novia y yo hemos decidido irnos a Memphis por el fin de semana. Es fin de semana largo así que nos vamos sábado por la mañana, tratando de aprovechar al máximo nuestro día. Después de todo, muchos de los “downtowns” del Sur cierran a las 5:00 de la tarde.

Tomamos la I-40 en ruta hacia el oeste; la autopista musical. El viaje es muy bonito. Hay bifurcaciones extrañas que no se ven en mi Isla. Me gozo el paisaje.

De momento veo que el tránsito se está parando. El tapón comienza a montarse. Nos vamos dando cuenta que el tapón no parece tener principio y desde hace algunos minutos, no podemos ver el final. “¡Maldita sea! Nosotros que íbamos tan bien”, es lo único que puedo pensar.

No pasa nada por varios minutos. Los carros no se mueven y no podemos ver cuál es la razón del tapón. De la nada, empezamos a oír motores que se acercan y de momento desaparecen. Miro hacia mi derecha y BAM ahí va una Ford 350 con una bandera confederada por el paseo. Dudo que sea un mexicano. (Por si alguien no entiende mi ironía, la bandera confederada es la que utilizaba el Sur en la guerra civil y que hoy día utilizan las personas blancas del “Deep South.”) Detrás le sigue un motociclista blanco como la leche, con su pelo negro en un mullet. Se calma el tránsito momentáneamente.

Nuevamente oigo los motores que se acercan. Esta vez un truck GMC con dos stickers que leen “Support our troops” y “Jesus saves.” Detrás de este viene una docena más de carros. Mi novia y yo nos quedamos en nuestro lugar. No por que seamos mejores personas que nunca se tirarían por el paseo, sino simplemente porque tenemos más razón de temerle a la policía local que ell@s.

Seguramente alguien de es@s que se tiró por el paseo era un mexicano o un negro. Pero les aseguro que la mayoría de las personas que vimos eran hombres blancos de estas partes del mundo.

Y sí, los vimos con nuestros ojos.

Mi amiga Tania es flaquita. Bastante flaquita. Aún así, puede cargar cajas y sobres llenos de exámenes para corregir. Es una asistente de cátedra en una universidad del sur de los Estados Unidos.

Acaba de terminar de velar su último examen del día y va cargada hacia su oficina. Tiene todos los paquetes de exámenes encima. Hace frío, así que ha parado a comprarse un café. Desafortunadamente, no puede cargarlo con sus manos. Están ocupadas. Decide ponerlo encima de las pruebas y moverse con cuidado.

Su travesía está a punto de terminar. Está a dos puertas de llegar a su oficina y poder poner el café y los exámenes en su escritorio. Se acerca a la primera puerta, la del edificio, para tratar de abrirla. Se le acerca un joven estadounidense y le da una mirada como quién dice: “yo te ayudo.” Ella se despega un poco de la puerta y el joven la abre.

Así mismo como la abrió, así mismo la dejó caer. La puerta se le viene encima a Tania y su café, que había logrado preservar desde el lugar en que lo compró, se le vira encima. Gracias a Dios ya se había enfriado.

¿Qué le dijiste tú que no estabas ahí? Eso mismo le dijo el muchacho a ella. Ni perdón, ni disculpe y ni el más mínimo remordimiento. Tania es blanca de ojos verdes y no tiene acento cuando habla inglés. ¿Qué habría sido de ella si fuera negra, de pelo rizo y tuviera acento de plátano?

Al igual que Tania, mi novia y yo hemos sentido, en múltiples ocasiones, la falta de modales de algunos estadounidenses. Aquí en Tennessee, puedo afirmar que en muy contadas ocasiones alguien nos ha abierto o nos ha aguantado la puerta. Mucho más escasas son aquellas en las que alguien nos ha dado las gracias por haberle abierto o aguantado la puerta a ell@s.

Malcriad@s, groser@s y sin modales l@s hay en todas partes del mundo. Estados Unidos no es la excepción.

“El mito no niega las cosas, su función, por el contrario, es hablar de ellas; las purifica, las vuelve inocentes, les confiere una claridad que no es la de la explicación sino la de la comprobación: si ‘compruebo’ sin explicarlo, estoy a un paso de encontrarlo natural, que cae por su peso; me quedo tranquilo” - Roland Barthes