Nashville, como cualquier área metropolitana horizontal, está desparramada. Esto hace que todos los “malles” buenos, estén lejos. Para ir al Opry Mills Mall, tienes que pasar el aeropuerto y, con él, todas las construcciones que hay a su alrededor.
Venimos, entonces, de disfrutar una noche de cena y juego en Dave and Buster’s. Volvemos por esa parte de la I-40 que está toda desbaratada. No ves otra cosa que no sean los malditos drones anaranjados.
Mientras mi novia me habla, noto a la derecha de la carretera un billboard electrónico que va pasando un mensaje. No logro leer bien lo que dice, pero me intrigan las palabras “No Freeo Stuffo.” Le pido a mi novia que pare de hablar un momento y que baje la velocidad para poder leer bien el mensaje completo. Esto es lo que dice:
“Metro Council, welcome to America, we speak English here, pass the bill, immigrants, no habla Ingles?, no freeo stuffo, from el governmento, comprende por favor?”
Este letrero estuvo puesto 2 días consecutivos, como forma de pedirle al Metro Council que pasara un proyecto que hiciera ilegal en Nashville hablar otro idioma que no sea inglés, por lo menos en asuntos que tienen que ver con el gobierno. El Consejo no sólo aprobó esta medida, sino que aprobó una medida punitiva que la acompaña; cualquier empleado gubernamental que se le coja hablando algún idioma que no sea inglés será castigado, multado o puede ser hasta botado. Esto incluye los empleados del servicio telefónico de emergencias.
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Desafortunadamente, mi novia y yo no hemos sido los únicos que hemos recibido estos mensajitos. Hay personas que han experimentado esto a un nivel mucho más personal.
Los Espinoza, una familia hispana de Rockfield, Kentucky, se levantaron un día y tenían una cruz ardiente en su patio frontal. Ja! Deja Vu! Pero no. Esto no fue en los 60’s en la lucha de la integración. Esto fue en el 2006.

Junto con la cruz, les dejaron dos mensajes: 1) “My country, maybe. My neighborhood. No way” y 2) “If you can’t read this… Oddy-ouss.”
Esta porción tomada de Nashville is Talking. Aquí también pueden leer más sobre el letrero de “Freeo Stuffo.”
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Nelly Rivera, una puertorriqueña nacida y criada en Estados Unidos, y su esposo se mudaron de la Florida a Tennessee a mitad de año del 2006 gracias a los huracanes. Al llegar a Tennessee, consiguió un trabajo de asistente de bibliotecaria en la Marshall County Memorial Library de Lewisburg, T.N.
En la Biblioteca había uno que otro libro en español, pero no había nadie que hablara español entre l@s emplead@s. Simplemente había, en una esquina, un letrero que decía “Español” y ahí estaban tirados los pocos libros que tenían. Las personas que no hablaban inglés muy bien y necesitaban ayuda tenían que conformarse con buscar los libros ell@s mism@s sin que nadie les guiara.
Nelly, que es una persona bilingüe y atenta, comenzó a ayudar a estas personas que no sabían hablar inglés. Claro, empezó a darles ayuda en español. Empezó a dar talleres en español de cómo usar las computadoras y a organizar lecturas para niños en español. Rápidamente comenzaron los vecinos de Lewisburg a quejarse. Hubo tantas quejas que la junta de directores de la Biblioteca tuvo que organizar vistas públicas para atenderlas públicamente.
Robin Minor, un ciudadano de Lewisburg, presentó su caso ante la Junta. Le informó a la asamblea que el había vivido toda su vida en este pueblo y que estaba muy molesto de que su dinero de impuestos se estuviera usando para libros en español. La Junta le explicó que la mayoría de los libros en español se habían donado.
- “¿Cuánto dinero se gastó en el resto de los libros en español?” – preguntó airado el hombre.
- 130 dólares – le respondió el Director de la Junta.
- Hasta un centavo es demasiado – continuó el Sr. Minor.
El Director de la Junta le informó, de igual manera, que la Biblioteca también contaba con libros en francés, ruso y japonés. El Sr. Minor presentó, entonces, una moción para que la Junta no permitiera a la Biblioteca recibir ningún libro que no fuera en inglés.
Lo más impresionante de este caso es que el Sr. Minor fue maestro de estudios sociales en las escuelas de Lewisburg por muchos años.
Sin embargo, este no fue el único incidente que tuvo que sufrir Nelly. Días antes de esta asamblea, el alcalde del condado, Joe Ligget, entró a la biblioteca y le preguntó al Director: “¿Qué papeles usted tiene para ella? (Nelly)” Nelly, al oír esto, sacó una copia de su certificado de nacimiento que decía que ella había nacido en New Jersey. Lo triste del caso es que ni siquiera habiendo nacido en Puerto Rico ella hubiese tenido que enseñar papeles. Después de todo, ¿para que, entonces, nos sirve que nos hayan impuesto la ciudadanía americana si ni siquiera de los cateos “aleatorios” nos salvamos?
Este trozo de la historia tomado del blog de Mr. Mack, Coyote Chronicles.